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cynfadir

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cynfadir

Mensaje por Alexis el Mar Mayo 03, 2011 12:36 am



Historia
Cyfandir: el nombre que recibió esta tierra, hace mucho tiempo atrás, en una era ya olvidada.
Las diferentes razas, tanto marinas como terrestres, compartían este continente conviviendo tranquilamente con los humanos.

Era un lugar tranquilo, donde las rencillas y disputas también existían, pero siempre tenían una conclusión rápida, gracias al Rey que gobernaba. Su nombre era Arthur, regía con justicia y equidad, pero sobre todo con benevolencia, manteniendo el orden y la paz.

Tenía un magnífico control sobre fuego, agua, tierra y aire. Hacía de los elementos sus aliados, limitando su uso sólo a casos necesarios, sin abusar del poder durante su gobierno. Sin embargo era humano y con el paso del tiempo y el pesar del reino, llegó el día que su muerte fue anunciada. El único Rey había muerto sin dejar descendencia o sucesor al trono.

El caos se apoderó de todo.
El miedo a quedarse sin regente y la ambición por el trono llevó a los humanos a enfrentamientos masivos cada vez más ansiosos de poder, egoístas, desataron una contienda que consumió a todo el reino. Las diversas razas, ajenas a la codicia humana, decidieron aislarse de aquel caos cortando los lazos que alguna vez, en el pasado, se forjaron.

La guerra se prolongó durante años, siendo la muerte y la miseria las únicas consecuencias de aquella pelea sin sentido, ya que conforme el tiempo pasaba el motivo original se había vuelto tan banal y efímero que terminó por perderse. Los humanos luchaban por costumbre, sin motivos y movidos por el orgullo, simplemente combatían por no perder.

Desasosiego y pavor era lo que se respiraba en aquella época, aunados al odio y resentimiento que sentían los unos por los otros. Poca era la esperanza de vida en aquella anarquía forjada por ellos mismos.

Sin embargo mucha gente, en silencio, encontraba aquello absurdo, arrastrar el pasado y vivir con miedo, era inútil. Un pensamiento que se reforzó en las nuevas generaciones, hasta que por fin, cuatro personas con la convicción y el valor suficiente lo expresaron en voz alta y firme.

Cuatro personas reunidas por una casualidad y movidas por el mismo ideal, formando un pequeño clan, al que poco a poco se unía más gente. Todos estaban ya cansados de pelear y de vivir con temor. Una esperanza, un camino diferente, una vida digna era la promesa silenciosa que las personas necesitaban para idealizar un futuro.

Fue entonces que la guerra tomó un nuevo curso, uno diferente, aquel que le pondría fin. Impulsado por el pequeño clan y reforzado por la gente que deseaba cambiar un destino que parecía haber sido predeterminado.

Y con el fin de poner un desenlace a aquella lucha; alzaron sus armas una vez más, la definitiva. Derrotando la ambición y codicia del pasado con la esperanza y la convicción de un nuevo futuro. Consiguiendo aquella victoria, que lejos de ser personal, era la de un pueblo.

Un reino que por fin recuperaba la libertad que tantos habían soñado, y sin embargo ahora no sabían qué hacer con ella, incluso llegaron a temerle por ser algo tan reciente y desconocido. Para evitar nuevos enfrentamientos y también para deshacerse de la responsabilidad que llevaba aquella independencia, la gente acostumbrada a tener alguien a quien seguir, querían un líder, que tomara decisiones y les diera unos derechos y deberes que cumplir.

A pesar de que ese cargo fuese la razón de aquella era caótica que finalizaba, ahora nadie tenía el valor de ocuparlo, carecían de confianza para desempeñar el papel , y desconfiaban de los que alguna vez alzaron armas. El recelo era la forma en que habían vivido siempre.

Sin nadie que terminara de asentar la paz, parecía que el miedo una vez más les dominaría, nadie sabía manejar la situación y la lucha era el único método de supervivencia que conocían.

Pero la entereza de aquellos cuatro que emprendieron el camino hacia la paz, no permitiría que se derrumbara, no después de la sangre y lágrimas que fueron derramadas para obtenerla. Era el inicio de una nueva época, que no permitirían derrumbarse, que arraigarían para siempre en aquel reino.

Propusieron la división del continente en partes equitativas, cosa que fue aceptada de inmediato. Consagrándose así como los gobernantes de aquellas naciones que estaban por nacer. Porque la gente les había seguido desde el principio, considerándolos sus líderes. Además nadie quería aquella responsabilidad y ellos estaban dispuestos a cargar con las consecuencias de sus ideales.

Entonces la tierra fue dividida en cuatro partes iguales, de las que surgieron los nuevos reinos, independientes entre sí. Cada rey gobernaba de la manera que mejor consideraba, pero siempre enfocada a la prosperidad del pueblo.

Cada uno levantó un castillo en la nación que le correspondía, irguiendo un quinto, donde los reinos se unían. A pesar de que cada reino era independiente, por acuerdo común, en aquel lugar se reunirían para mantener buenas relaciones entre ellos.

Se mantendrían en contacto comentando sus progresos y ayudándose entre sí para mejorar el gobierno de aquella tierra que les había sido encomendada. Ningún reino estaba sobre otro, aunque cada uno era independiente en su gobierno, dependían unos de otros para subsistir.

Al dividir la tierra, aunque trataron de ser equitativos, cada reino obtuvo más prosperidad en uno de los cuatro elementos de la naturaleza respecto a los otros; así que las relaciones comerciales eran importantes para la abundancia de todos.

Con paciencia, se dedicaron a cumplir aquel cometido, que lograron poco a poco. Muriendo satisfechos cuando su hora llegó y sin cometer el mismo error que alguna vez dejó en decadencia al continente. Puesto que dejaron descendencia, en la que sabían que podían confiar para mantener la calma y prosperidad de la tierra que tanto amaron.

Ahora reina la quinta generación de aquel linaje, con el mismo propósito y dedicación, orgullosos de la tarea heredada…

Sin embargo y a pesar de los siglos, el fantasma de la guerra aún asecha, buscando la oportunidad de materializarse una vez más; entre los reinos, la envidia y el odio continúan buscando la forma de hacer caer en caos a Cyfandir.
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Alexis
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